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 Ek & Nyelo: La verdad

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Lizz
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MensajeTema: Ek & Nyelo: La verdad   Sáb Ene 15, 2011 3:59 pm

No eramos tan grandes como muchos pensaban que lo eramos. Ni tan maduros. Y quizás, tampoco eramos lo suficientemente concientes de nosotros mismos o de nuestro entorno como para decir que sabíamos lo que hacíamos.

Pero nos queríamos... quizás demasiado.

En ese momento, yo estaba vivo. No era más que un muchacho de cabello negro y ojos verdes, que se sonrojaba demasiado seguido y era demasiado amistoso con todos. Y Nyelo no era más que un niño problema. Con el cabello algo largo, no tanto; que sonreía tontamente y tenia el cuerpo repleto de banditas o vendas.

Teniamos catorce años.





- Me gustas, Nyelo

El susodicho se sonrojó notoriamente, mirando a su amigo. Hacía tiempo que Cani bromeaba con que ellos harían una linda pareja; hacía tiempo que eso le molestaba. Pero no la idea de que pudiese estar enamorado de Ek, ni su amigo de él. Sino de que se burlaran de ellos por eso.

Y no quería seguir siendo la burla de todos.

Desvió la mirada, con el seño fruncido, para luego chasquear la lengua. Ek pudo notar que su cola se movía de un lado a otro, exactamente igual a todas las veces que se ponía nervioso, y que sus ojos se tornaban amarillentos, exactamente igual que cuando se enojaba.

- Estás confundido, Ek, eso es todo

- No estoy confundido; tu me gustas

Nyelo cerró los ojos, gruñendo, mientras se masajeaba las sienes. No había ningún sentido en discutir eso con Ek. Era igual de testarudo que él, y además, no estaba dentro de su mente. No podía decir si estaba o no enamorado de él.

Ek dejó salir un suspiro mudo, mirando con algo de vergüenza y desición a Nyelo. Aunque por dentro, se sentía aterrado. Era su mejor amigo desde siempre, y tener que confesar algo de tal magnitud... era dar por terminada esa linda amistad que tenian.

Pero ya no podía guardarselo para sí.

- No vengo a reclamarte que te hagas cargo de lo que siento, Nyelo.. -se mordió la lengua antes de seguir; ¿qué era lo que buscaba entonces al confesarse?- Sé que nuestra amistad puede terminar en nada y que puede que luego de ésto me odies pero... -Nyelo clavó la mirada en él, viendo la forma indecisa, torpe, con que jugaba con sus pies, sin siquiera mirarlo- Pero no puedo guardarlo... me gustas, sé que me gustas...

Y volvía de nuevo con lo mismo.

Nyelo bufó, para luego dejarse caer sentado en el suelo, mientras una carcajada tosca salía de sus labios. El rubor persistía y las palpitaciones eran terriblemente notorias. Do-kun, do-kun.

Clavó la mirada en Ek, en el mismo instante en que éste clavaba su mirada en él.

- No es cierto, has estado toda tu vida enamorado de Cani, Ek. Estás confundido, es todo.

Ek negó con la cabeza.

Nyelo frunció nuevamente el seño.

- No sé exactamente qué tengo con Cani, pero tu me gustas, Nyelo.

Nyelo se sacudió el cabello, mirando hacia otro lado. El sonrojo y las palpitaciones aumentaban; podía sentir el corazón latiendo en sus oídos. Podía sentir sus mejillas arder. Podía sentir la respiración acelerada.

Quería decirle a Ek que se detuviera, que dejara de decir esas cosas sin sentido. Que le ponía nervioso, que le daba miedo y vergüenza. Que ese tipo de cosas no era para ellos.

Pero sólo podía negarse.

- Estás confundido, Ek, hazme caso

Ek frunció el seño, arrojandose sobre Nyelo lo suficiente como para darle un puñetazo.

- ¡Deja de negarme algo que sólo yo sé!

Nyelo dejó la mirada clavada en Ek, algo sorprendido. Estaba en el suelo ahora, semi recostado, con Ek sobre él, respirando agitado y con el seño fruncido. Y le había golpeado. No en juego, no en broma. Le había golpeado con fuerza.

Apretó los dientes con fuerza, devolviendole el golpe, que rápidamente recibió una devolución. Ahora estaban en el suelo, golpeandose sin parar, como si eso fuese suficiente para ambos.

La pelea se detuvo a los segundos. No sabían cómo, pero Nyelo ahora estaba sobre Ek, sosteniendole por las muñecas para que ya no le golpeara, aunque éste seguía intentando safarse para seguir golpeando a su amigo.

Nyelo bufó.

- Quedate quieto, Ek, deja de buscar pelea

Ek se detuvo, comenzando a respirar agitadamente. Nunca se había involucrado en peleas, y estar en una, siendo él contra Nyelo, era cansador.

Nyelo le miró con algo de interés, para terminar dejando la mirada clavada sobre la mejilla izquierda de Ek. Estaba tomando un color morado leve. Se acercó a ésta, sintiendo la respiración de Ek detenerse por unos segundos. Quizás por miedo, quizás por la sorpresa. Comenzó a lamer la mejilla con cuidado, sin soltar las muñecas de Ek.

Éste último tembló levemente, comenzando a forcejear en un nuevo intento por soltarse, mientras corría su rostro del alcance de Nyelo.

- ¡Deja de jugar conmigo, Nyelo, o te odiaré de por vida!

- No estoy jugando

Ek se mantuvo estático, intentando interpretar la verdadera intención de Nyelo al decir eso. Pero no lo lograba.

Nyelo se separó del rostro de Ek, clavando la mirada en sus ojos unos segundos. Tenía el seño levemente fruncido. Toda esa situación le molestaba, todo Ek le molestaba... y al mismo tiempo, le gustaba.

Se acercó nuevamente a su rostro, besandolo. El rubor en el rostro de Ek aumentó, pero ya no forcejeaba por alejarse de Nyelo o por separarle de él; forcejeaba en un intento de soltarse y aferrarse a él.

Gesto que Nyelo comprendió y le soltó.




No sé cómo terminamos metidos en eso.

Ek gustaba de mi, pero yo no sabía si gustaba de él en realidad. Pero algo dentro de mi cabeza gritaba que no me detuviera, que estaba bien. Que sería centro de burlas, que sería el hazme-reír y la vergüenza de todos... pero que no me arrepentiría.

Y yo no sabía si quería arrepentirme o no, no sabía si quería meterme en eso o no.

Pero cuando me di cuenta... era tarde. Y estaba disfrutando que fuera así.





En el suelo del bosque encantado, en la profundidad de éste, una pelea y un simple beso había terminado en dejar ropas desparramadas por doquier y a ambos amigos desnudos, uno sobre el otro.

Ek jadeó, mientras Nyelo le besaba el cuello con poca delicadeza. Si bien no sabía sobre eso, algo le guiaba. Algo le decía qué hacer. Bajó los besos de su cuello a sus hombros, mordiendolos levemente y dejando pequeñas marcas, para luego descender a su abómen y por último a su miembro; lamiendo, besando y succionando sin piedad.

Ek mantenía la espalda arqueada, gimiendo con fuerzas, intentando encontrar algo con qué aferrarse a la realidad y no dejarse hacer por completo. Intentaba pensar si eso estaría bien, qué pasaría si alguien los veía, qué harían... pero el sentir a Nyelo lamer su entrada lo sacó de sus cavilaciones, provocando que jadeara e intentara alejarse.

- ¿Q-qué crees haces?

Nyelo le miró algo sorprendido, para luego sonreir, tomando a Ek de uno de sus talones para arrastrarle nuevamente bajo él.

- No sé... sólo sé que tengo que hacerlo

Ek negó con la cabeza, sonrojado.

- N-No, no tienes qué.. N-No lo hagas.

Nyelo dejó salir una carcajada, mientras abría las piernas de Ek, colocandose entremedio. Algo le decía que le haría doler y no quería eso, pero no podía obligar a Ek tampoco. Tomó su miembro, comenzando a introducirlo dentro de Ek con lentitud, intentando no oir los pequeños chillidos que éste daba. Ya dentro de él se mantuvo inmóvil, lamiendo algunas lágrimas que Ek derramaba en un intento de tranquilizarlo e intentar que dejara de temblar.

- T-Te dije... que pararas...

Nyelo sonrió, para luego acercarse a besarlo. En parte se sentía culpable y Ek sabía qué sectores de su mente presionar para hacerle sentir fatal. Sonrió al sentir que Ek pasaba de no corresponderle a recrear un beso demasiado pasional. Algo dentro de él le decía que ya estaba listo.

Comenzó a moverse despacio, buscando que Ek se acostumbrara, para luego ir aumentando en ritmo y profundidad. Ambos jadeaban con fuerza, ambos gemían sin pudor y ambos disfrutaban de otro como si fuera el último día.

Un par de horas pasaron. Nyelo dio la última estocada, provocando que Ek terminara sobre el abdómen de ambos, y por consecuente, Nyelo dentro suyo. Nyelo se dejó caer sobre Ek, jadeando con fuerzas, mientras se concentraba en los latidos de éste para tranquilizarse.

Lo dudó unos segundos, pero terminó llevando su mano a una de las orejas de Nyelo, acariciandola con cuidado, sonriendo. No le había contestado sus sentimientos, pero sabía qué era lo que Nyelo sentía ahora. Lo sabía por cómo actuaba, por cómo había actuado. Y se sentia conforme.




- Tambien me gustas... pero no quiero estar contigo

Ek dejó de vestirse, quedando inmóvil en su lugar. Sorprendido y, en parte, dolido. Volvió el rostro hace Nyelo, viendolo ya vestido y desviando su mirada de él. Sintió que sus ojos ardían, sintió deseos de que la tierra le tragara.

- ¿Por qué...?

Nyelo suspiró. Sabía que si le miraba, desistiría de su desición. Y debía ser firme... debía serlo.

- Porque... aun cuando me gustas, prefiero seguir siendo tu amigo. No quiero perderte por algo asi, Ek. No lo amerita. Además... estás enamorado de Cani, y no quiero pelear contra ello ni sufrir por culpa de ella a la larga..

Clavó su mirada en Ek, quien al notar eso, desvió el rostro rápidamente. Suspiró, desviando el rostro. Seguramente Ek podría odiarle, no hablarle y incluso... olvidarle, pero sabía que era cierto. Y si bien él tenía sus propios miedos, éstos no intervenían en su desición.

Suspiró de forma insonora.

- Sabes que tengo razón, Ek...

Lo miró por una última vez, para luego comenzar a caminar, alejandose. Dirigiendose a su casa, a encerrarse en su cuarto y olvidarse de que Ek le gustaba, que había tenido su primera vez con él y que no se arrepentía... pero que sólo serían amigos.

Ek suspiró, terminando de cambiarse, para luego ponerse de pie y caminar en direccion contraria a Nyelo. Si él deseaba sólo ser su amigo, podía con ello. Siempre podría con ello.

Ambos sabían que el bien del otro y su mutua amistad era más importantes que los deseos egoistas de uno sólo.




Al día siguiente, fue como si nada hubiese pasado. Ninguno de los dos se sonrojó al ver al otro, ninguno de los dos actuó de forma más cariñosa a la usual ni ninguno osó a tocar el tema en que ambos estaban metidos.

Por dentro, sentía que podría morir de angustia. Nyelo me gustaba, y si bien no era Cani... quería estar con él. Pero estaba conciente de que nuestra amistad era más importante. ¿Cómo podría sentirme si lo nuestro no funcionaba y luego perdíamos la relación que teníamos?

No podría perdonarmelo.

Además, siempre que tenga a Nyelo a mi lado, puedo ser feliz, sea como fuera.





No sé por qué le dije que gustaba de él tambien. Habría sido más simple si lo hubiese negado y luego le hubiese dicho que ser amigos era mejor. Pero no había podido callarmelo; necesitaba decirselo.

Y si bien no me arrepiento... siento que fue un ligero error.

En parte, sigo gustando de él.





Finalmente los tan fieles y cercanos amigos terminaron guardando un secreto propio, uno que no le dirían al otro, que no sería conocido por nadie en el jamás de los jamases.

Ambos seguían enloquecidos por el otro.

Pero eso, deberá prevalecer oculto. Por el bien de su amistad.
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